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Carola Lorenzini en compañia de las aviadoras uruguayas Blanca Dernell y Laura Machado Borges. Fue su última foto, ya que momentos después caería trágicamente, (revista "El Gráfico", edición del 28-11-1941) |
Está claro que la Lorenzini no era cualquier mujer, aunque su excepcionalidad tiene menos que ver con su acatamiento al jefe que con sus notables marcas.
El 4 de noviembre de 1933 recibió el brevet de piloto de aviador civil
internacional nº 436, y más tarde fue la primera mujer que obtuvo el título
de instructor de vuelo en América del Sur.-
Luego se dejó cautivar por la alta acrobacia mediante las piruetas que daba en
el aire quien sería su maestro y compañero de dúo, Santiago Germano. Juntos
dieron espectáculos en la Argentina y participaron de competencias en Uruguay y
Brasil. Carola Utilizaba para sus vuelos de acrobacia un Focke Wulf FW44
Stieglitz
El 31 de marzo de 1935 logró el récord sudamericano femenino de altura con
5381 metros al mando de un avión de producción nacional Aé C3 (el tercer
aparato para uso civil producido en el país); vale señalar que logró esta
marca sin máscara y con un avión con cabina abierta,.-
El 13 de noviembre de 1935 fue la primera mujer en cruzar el Río de la Plata en
solitario, con su avión Fleet 51; pese a que falló el altímetro y a que
Carola tuvo que apelar a su intuición para sortear la bruma, logró llegar a
los terrenos cercanos a Carmelo, donde aterrizó.-
En 1938 ya estaba gestando el proyecto del raid aeronáutico para unir las 14
provincias cosa que haría en 1940. Las anotaciones y trazados que hizo para ese
viaje fueron de gran utilidad para los mapas del correo: los aviones no tenían
instrumental, y el piloto debía realizar un reconocimiento visual permanente
para seguir la ruta aérea. Tampoco tenían altímetro, y el combustible se
verificaba en pleno vuelo, golpeando el tanque y aventurando por el sonido del
golpe qué tanto quedaba.
Así volaba la mujer que despertaba la pasión del pueblo. Lorenzini visitó
todos ycada uno de los pueblos del interior con su Focker Wulf, y su arribo a
los campos convocaba a miles de personas. Tanto es así que aterrizaba muy lejos
del lugar pautado para la visita, de modo que la hélice del avión no lastimara
a nadie de los que se lanzaban a saludarla. El trayecto hasta la multitud lo
hacía a caballo; porque –como corresponde al personaje– Lorenzini, además,
era una excelente amazona, domadora de caballos y atleta en variadas
disciplinas.
En 1939 la echaron de la telefónica por sus reiteradas faltas, y seguramente
dejó de ser un ejemplo para las empleadas-lectoras del diario El Mundo, aunque
la revista Vosotras la destacó como una de las ocho mujeres del año. Y en
1940, cuando consumó el raid de las catorce provincias, se ganó nada menos que
la tapa de la revista El Gráfico.
En 1941 logro su licencia para servicio publico comercial.-
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Carola posa con una niña afectada por la "tos convulsa", a la que llevará a las alturas con el ánimo de procurarle alivio. Coleccíón de Eduardo Andrillo, gentileza de Mariela y Ralph Cooper, 23-9-2006 |
El parecido de las ambiciones de Carola Lorenzini con Beryl Markham –la aviadora inglesa que en 1936 cruzó el Atlántico en solitario – es sorprendente. Las unía esa pasión del avión como un mundo en “el que el piloto es el único habitante”, según palabras de Markham.
Todos los proyectos que una muerte accidental le impidió realizar a la
argentina fueron llevados a cabo por la inglesa.
Las dos historias de vida enfatizan la capacidad física y el riesgo; el
escenario de Markham fue Africa mientras que nuestra Carola Lorenzini trajinó
la llanura pampeana.
Un solo elemento brilla por su ausencia en la vida de la aviadora inglesa y se verifica en la de Carola Lorenzini, alimentando el culto nacional de la santificación: cuando Lorenzini llegaba a un pueblo, entre la muchedumbre que salía a recibirla había numerosos enfermos y dolientes, que creían que el viaje de la aviadora bastaría para curarlos.
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Sepulcro de la familia Lorenzini, en el Cementerio de San Vicente |
Carola Lorenzini se mató el 23 de noviembre de 1941, haciendo una
exhibición en la base de Morón. La visita de un grupo de aviadoras uruguayas
al país fue el pretexto para que la invitaran a realizar su famoso looping
invertido, pero la relación de Lorenzini con las autoridades que patrocinaban
el evento era pésima: hacía un año que estaba suspendida, y los motivos
parecen ser una fuerte discusión que mantuvo con la Aviación Militar por la falta de provisión
de nafta para sus vuelos.
En medio de esa tensión, muy enojada, Lorenzini se
lanzó a la acrobacia con un avión que no era el suyo y sin tomar las medidas
de seguridad necesarias. Un error de cálculo y su cuerpo fue a incrustarse en
el suelo, cavando la fosa en la que yacerían parte de sus restos.
Su entierro fue multitudinario. Entre los miles que acompañaron el cuerpo
estaba una niña de pocos años llamada María Angélica Medina. Tal vez fue en
ese momento cuando Medina vio su futuro diseñado y quiso responder a una
pregunta atávica: ¿por qué queremos volar?
Hacia el año 2003, María Angélica Medina tiene más de setenta años, forma parte de la Organización Femenina de Aeronavegantes (Orfea), acredita unas 10 mil horas de vuelo y recuerda de este modo la figura de Lorenzini:
" Ella fue la mejor figura que encontré en la aviación. Hubo, sí, otras mujeres que se recibieron de aviadoras en su época, pero no hicieron nada: se casaron y siguieron sus vidas. En cambio, Carola quiso ser piloto comercial y hacer acrobacias, y eso fue muy importante para las que seguimos sus pasos. Había aprendido con Santiago Germanó, eran los únicos dos que hacían ese tipo de looping. Germanó llegaba a rematar la acrobacia levantando un sombrero o un pañuelo del suelo. Imagínese: este hombre se pasó desde los 18 hasta los 80 años haciendo eso todos los días. Es como las mujeres que cocinan toda la vida: lo sienten lo más común del mundo”.
La muerte de Carola fue muy impactante, y aún quedan puntos oscuros sobre los sucesos de ese día. Dice María Angélica Medina:
– Ella estaba suspendida por un año, pero le fueron a pedir por favor que
participara de la exhibición porque era la mejor. Era muy brava. Y estaba muy
enojada por algo, porque la habían dejado afuera del almuerzo o por alguna
perrada que le habrían hecho. Tampoco era su avión, no lo pudo probar, tal vez
estaba muy cargado de nafta. Esto es muy importante en la acrobacia, ya que el
peso del avión tiene que estar muy controlado. Lorenzini entró en el looping
invertido y –esto es lo que pienso yo– como estaba rabiosa y renegada, lo
quiso hacer mucho más bajo. Fue fatal. Si hubiera tenido más metros, no se
hubiera matado. Hizo una fosa con su cuerpo; la mitad quedó completamente
destrozada. Pedazos esparcidos por todos lados. Un chiquero en que andaban los
perros, que hubo que espantarlos. Además estaba en una edad complicada,
crítica.
- ¿Por qué lo dice?
– A los 40 años empieza la menopausia y el período se empieza a retirar.
Aunque muchas mujeres no lo sienten, tampoco andan patas para arriba, con esa
presión que se ponen los ojos que parecen que se salen. Esto es importante para
las mujeres que vuelan: cuando usted va a hacer un curso, se lo tienen que
preguntar, porque la irrigación es distinta. Es una desventaja con respecto a
los hombres.
–Los hombres también tienen su menopausia (andropausia), pero se les
manifiesta distinto. ¿Usted tuvo estos síntomas?
– A mí no me molestaron. Nunca fui de esas mujeres que se tiran en la cama o
toman pastillas porque están en esos días. Pero se tiene en cuenta: si el
instructor es consciente, tiene que preguntar.
- ¿Tuvieron algún contacto con grupos feministas que se interesaran por la
actividad que ustedes desarrollan?
– A mí personalmente no me gustan. Se pasan al otro bando. Ya quieren hacer
cosas de hombres. A mí me gustó volar como mujer, con todo lo que podía hacer
y lo que no. ¿Porque vuelo voy a estar con una pipa y cruzar la pata y decir
palabras como los varones? No. Yo dejo vivir a los hombres y vivo al lado, pero
no entro en esas guerras estúpidas que hacen las mujeres.
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Carola Lorenzini y su Focke Wulf 44-J. Estampilla emitida por el Correo Argentino en noviembre de 2001 |
Carola adoraba la tierra y el cielo de su país. Era muy amiga de las cosas criollas: donde iba y encontraba algo autóctono lo traía. Su dormitorio era un lugar ornamentado de manera muy original: mantas indias, arcos, flechas, boleadoras, espuelas y tantas otras cosas propias del hombre de campo. Además, solía vestir bombachas criollas, botas y campera de cuero. Esta pasión por las tradiciones rurales e indígenas argentinas le mereció el apodo por parte del periodismo de "la aviadora gaucha"
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